Utilizamos cookies propias y de terceros. Continuar navegando implica su aceptación.Más información

Aceptar

No volveremos a la normalidad, o eso espero

No volveremos a la normalidad, o eso espero
02/06/2020

Ya que es exactamente esa normalidad, el origen del problema. Y no solo del COVID19, sino el de tantos otros que ya se están convirtiendo en cotidianos. Parece que ahora ya no nos acordamos del temporal Gloria, y probablemente pasará lo mismo con el coronavirus.  Somos humanos, pero no deberíamos tomarnos tan en serio lo de volver a caer en la misma piedra. 


Debemos dejar de actuar como si fuéramos invencibles, como si hiciéramos lo que hiciéramos no pasara nada. Todas nuestras acciones diarias tienen un impacto en el sistema global, y como individuos podemos decidir si el impacto es positivo o negativo.


Hoy, estos días, estas semanas, deberían ser un punto de inflexión para mirar atrás e imaginar cómo queremos que sea el mañana. Claramente, está en nuestra manos. 


Esta crisis no es de un país, ni de unos cuantos, es de todos. Nos ha enseñado que no entiende fronteras, ni clases sociales; que nadie se salva y que todos dependemos del resto. Es una prueba muy gráfica de que somos parte de un sistema, y es nuestra responsabilidad empezar a actuar sabiendo que una buena salud del planeta es la única manera de asegurar la nuestra propia.


Es como si el planeta nos hubiera pedido un tiempo muerto. Como si quisiera coger aliento. Es un momento excepcional para escanear las acciones de nuestro día a día y preguntarnos si nos representan como individuos y si reflejan el mundo en el que queremos vivir.


Constantemente, consciente o inconscientemente, destruimos ecosistemas y sus cadenas tróficas con nuestro consumo, traficamos con animales salvajes y los vendemos en mercados, alteramos un tercio de la superficie terrestre para la producción ganadera, amontonamos a los animales de granja para ser más eficientes en espacio con la falta de higiene que esto conlleva e incluimos antibióticos y medicamentos para asegurar la máxima producción de carne animal fortificando las enfermedades y creando superbacterias. 


Todo esto tiene dos grandes consecuencias claras: la aceleración del cambio climático y el aumento del riesgo de pandemias. Imaginar que el modo en el que estamos tratando los recursos naturales no tiene repercusiones en la salud del planeta y consecuentemente en la nuestra propia, es un poco naif. Y creer que esto es una novedad y que será la excepción, es aún más naif. En el retrovisor aún vemos lo ocurrido con la gripe aviar y la gripe porcina. 


La manera en cómo nos alimentamos es una arma de doble filo, ya no únicamente para el bienestar animal, si no para la salud de todos los humanos.  Según WWF, el 70% de las enfermedades humanas en los últimos 40 años tienen un origen animal. 


A los virus les encantan los espacios pequeños con muchos seres vivos juntos y falta de higiene, así que las granjas industriales para producir carne animal son su oasis. La población sigue creciendo, y si seguimos necesitando la carne animal para llenar de proteína nuestros platos, las pandemias se convertirán cada vez más en la nueva normalidad. Y con la comercialización de dicha carne animal, los virus se asegurarán una propagación exitosa llegando a miles y miles de platos. 


¿Queremos volver a la misma normalidad o queremos reflexionar sobre cómo podemos crear una nueva?


No es momento de señalar culpables, pero si es el momento para detectar cuáles son las soluciones a nuestro actual sistema alimentario. Soluciones que deben permitirnos alimentar de una forma sostenible a más de 9,7 mil millones de humanos en 2050, cuidando del planeta y de nuestra salud.


Delante de un sistema que no funciona, tenemos que crear uno que deje obsoleto al existente. Empujemos unidos para crear una normalidad mucho más conectada a los retos y valores del siglo XXI. No vale la pena seguir como estábamos. Podemos hacerlo (mucho) mejor. 


Bernat Añaños
Activista y Co-Fundador de Heura Foods